Chicas Tristes, o la revelación de la elegancia visual de Fernanda Tovar


Hace 2 o 3 años (aunque parezca que lleva siglos, la existencia de TikTok no llega ni a 10 años) se popularizó en esta diabólica plataforma la estructura mental (aunque hablar de cerebro aquí, roza casi la ciencia ficción): «Dame un coming of age y yo te daré la estabilidad emocional de un personaje secundario que desaparece a mitad de la película», con variaciones como «Dame un coming of age y te daré una crisis existencial».

Nada más lejos de que lo pueda parecer a primera vista constituye la ópera prima de Fernanda Tovar. La película es, a la vez, una historia sobre la sinceridad entre amigas, la dificultad de comprender los hechos, hasta dónde podemos ser sinceros o, simplemente, como gestionar o evaluar el sentimiento de culpabilidad.

O ¿por qué no?, también es una variación de coming of age delicado, sutil y magníficamente rodado. Uno bien temprano, a la edad de 16 años, que tampoco se diferencia mucho de los que se viven a los 40 o a los 60. Al fin y al cabo, reconozcamos que nos gustan más los coming of age en el cine, que a Elon Musk la desinformación en su red social.

Pero a pesar de toda esta sobreabundancia de información, la protagonista de la historia no sabe muy bien lo que le ha pasado. Y aunque su vida no pueda ser mejor con su padre atento, una amiga del alma que la acompaña siempre, o la posibilidad de un viaje a Brasil para competir con sus compañeros de natación, el deporte que más le gusta, la inquietud no desaparece.

Aunque en realidad no sabe lo que prefiere porque también le gusta bailar, mirar al cielo mexicano con su amiga y enviar mensajes a los pasajeros de los aviones que pasan por encima de sus cabezas para que no se sientan solos.       

Pero lo le intriga y no se le va de la cabeza es lo que pasó el día de Nochevieja. Hace dos mil años ya se decía da mihi factum, dabo tibi ius, o sea, «dame los hechos, yo te daré el derecho» en forma de aforismo latino que les ayudará, a su amiga y a ella, a ir desgranando y asimilando poco a poco lo que ocurrió ese día.

Y frente a ello descubrimos cómo van actuando los demás protagonistas de la historia, la profesora, el padre, los amigos… porque lo que ha pasado nunca es individual, es colectivo y también social.

Qué elegancia en las secuencias, en el tempo al que se van desvelando los diversos elementos del guion, en la elegancia de la construcción de la personalidad de sus protagonistas, porque si hay una palabra que define esta primera película es justo esa: pura elegancia. 

Chicas tristes / Sad Girlz, de Fernanda Tovar (México, España y Francia, 90 min.)

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