Minotauro, de Andrey Zvyagintsev, o la virtuosidad de contar la guerra de Ucrania desde un insípido adulterio burgués


El digno heredero de Andréi Tarkovski colecciona premios como nosotros horas esperando taxis durante el festival de San Sebastián: León de Oro en Venecia con su ópera prima en 2003, El regreso. Cuatro años más tarde conquista Cannes y ya no se mueve de ahí, con mejor actor, por El destierro; premio especial del jurado de Un Certain Regard con Elena (2011); mejor guión con Leviatán (2014); premio del jurado Sin amor (2017) y casi una década después vuelve a ganar el premio especial del jurado con Minotauro.

Imposible esperar menos de un director que es capaz de explicar todo el monstruoso mecanismo de guerra ruso, a partir de la adaptación de Una mujer infiel, de Claude Chabrol, aunque hubiese preferido Secretos de un matrimonio, de Ingmar Bergman, pero había problemas con los derechos de autor para hacerlo.       

El cineasta firma otra obra maestra a partir de algo con tan poco sustancia como un vulgar y previsible adulterio burgués: exitoso hombre de negocios y ausente del hogar; esposa no escuchada y ama de casa aburridísima; adolescente en casa, pues eso, adolescente, y un artista fotógrafo divertido y atractivo… ¿qué creéis que puede pasar?).

La maestría del director ruso es mezclarlo con el inicio de la guerra con Ucrania, la forma de reclutar impune y sin piedad carne de cañón para el conflicto (14 ovejas que irán a parar al matadero del frente ruso) y cómo y en qué momento, si llega, se desencadenará la violencia entre el marido engañado y el amante artista (de la misma manera que le explica a su hijo cómo defenderse en la escuela o de otra forma).

Absolutamente sublime, todo en el guión tiene un propósito perfecto, claro y conciso, en una puesta en escena gélida, como el color de la fotografía utilizado en el rodaje, los discapacitados que ha creado la guerra paseando por unas calles casi vacías…

Obsérvese solo un detalle, pongamos la evolución de lo que el protagonista, hombre de negocios y corrupto cacique local, lleva en su maletero del coche: una bicicleta, unas bolsas de la compra, una -digamos- moqueta.

Hazte un favor, si quieres ver cine del bueno, no salgas de este Minotauro, un fascinante mito griego que mezcla sacrificios humanos e infidelidades matrimoniales en la Creta antigua. 3000 años después, las cosas en Creta, en Ucrania o en Moscú no han cambiado nada. 

Minotaur (Minotauro), de Andrey Zvyagintsev (Francia, Alemania y Letonia, 141 min.)

Festival de San Sebastián 2026 – Perlak

Deja un comentario