Lejos de los árboles, de Meritxell Colell Aparicio, o el sonido de la memoria


Meritxell Colell Aparicio, cineasta, guionista y montadora catalana (brillantísimo su trabajo en Extrañy Riu) estrena en España su tercer y sublime largometraje en solo (además de otros dos largos rodados en codirección con Lucía Vassallo y Jordi Morató), Lejos de los árboles.

Su triunfante paso por el prestigioso Festival de Locarno se coronó con dos premios: el FIPRESCI y el Boccalino d’Oro de la crítica independiente a la mejor película.

Con su habilidad capacidad ensoñadora, aún más afinada si cabe, la directora hilvana unas imágenes que, como en las mantas peruanas que aparecen en la película, van creando su propia historia.

Un hilo lleva a otro lugar, desde ahí se perfila otro color y así se emprende un viaje del que puede que conozcamos el lugar desde el que partimos, pero lo que es seguro es que ignoramos al lugar al que nos llevará.

Como suele ocurrir en el buen cine, y el de Meritxell Colell es de una extrema calidad, este viaje llevará a su protagonista al lugar más remoto e inesperado. Y gracias al poder hipnótico de sus escenas, a nosotros con ella.

Adela, una artista sonora, deambula por los Andes peruanos en busca de un mapa de lenguas y sonidos perdidos. Sin embargo, esas muestras sonoras, tan lejanas y ajenas, le aproximan tanto a la cultura local como a sus propios orígenes: su infancia, sus abuelos españoles, un exilio mexicano, varios campos de concentración franceses…

Entre sueño y realidad, o lo que en cine llamaríamos ficción y documental, el hilo de los sonidos acompañan la historia de la protagonista en un paseo por el tiempo pasado, que no es más que un presente continuo del ya conocemos su futuro.

A ese lugar, el más desconocido y lejano que se puede uno imaginar, la memoria de nuestra infancia, es a donde le llevan los sonidos a Adela, que de su México natal también se trasladó a Viena, ironías de la vida, definida como la capital de la música.

Como si de un songline se tratase (líneas de canto o pistas de ensueño que funcionan como rutas ancestrales de navegación, transmitidas oralmente por el canto o relatos por los aborígenes australianos), esa niña que la mira desde el pasado en el salón de los abuelos le cuenta quién es, para que Adela sepa cómo será en el futuro.

Gracias a estas magdalenas sonoras su historia se amplía y explica entre miradas que rompen la cuarta pared, promesas que sabemos de difícil cumplimiento, rescates infructuosos del pasado, montañas que enseñan canciones para no olvidarlas nunca…

Hace más de 130 años el cine nació vinculado a la idea de la inmortalidad, la muerte y los fantasmas. Desde las primeras proyecciones los espectadores, y los que todavía ni siquiera podían definirse como críticos, comprendieron que no solo era una máquina de entretenimiento, sino un mecanismo para vencer a la muerte, conservar la historia de los seres humanos y no transformarnos en fantasmas olvidados.

La extrema modernidad del cine de Meritxell Colell consiste en ser la más clásica de nuestras cineastas porque se centra en conservar el legado y función del primer cine.  

Así como el oído es el último sentido que se pierde antes de morir, según han demostrado estudios científicos basados en informes de electroencefalogramas de estados terminales, las películas de esta portentosa directora trabajan la materia más difícil e inmaterial, cinematográficamente hablando, las palabras y los sonidos.

Con Lejos de los árboles la cineasta ha rodado el mejor sonido que pueda existir: el de un corazón que no olvida.     

Lejos de los árboles / Far from the Trees, de Meritxell Colell Aparicio (España, Perú e Italia, 121 min.)

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