El cine, un alambicado invento occidental que mezclaba industria y arte, ha encontrado sus más firmes defensores en el lugar que nadie esperaba: en China y su sexta generación de cineastas.
Un grupo de jóvenes que debuta en los años 90 para transformar y reivindicar el lado más creativo del séptimo arte. Unos cineastas que compartan estéticas e inquietudes. En este artículo puedes ver muchas de sus particularidades y la enorme aportación de este cine asiático a la cinematografía universal.
Mientras el cine occidental repite estructuras e intenta mirar al futuro, esta generación del cine chino mira hacia pasado para construir el cine del presente más interesante e innovador.

Bi Gan estrena, por fin casi un año después de su première y premio especial del jurado de Cannes 2025, en nuestras salas y es una de las películas que sólo está pensada para disfrutarla en la oscuridad de las salas de cine.
La tercera película del mayor exponente de esta sexta generación afirma sus referencias cinéfilas en su último trabajo, llevándolas aún más allá de lo esperado.
Vamos a leer de todo sobre Resurrection, pero quizás lo único que deberíamos retener es que Bi Gan nos ofrece la esencia del cine en su último trabajo: la absoluta creencia de que el cine es una experiencia que solo se puede vivir, y soñar, en el cine.

Tras un debut impresionante con Kaili Blues, donde ya realizaba prodigiosos planes secuencia, y su segunda película, Largo viaje a la noche, en la que volvía a recurrir al pasado al presente en un cóctel de originalidad y poesía visual, Bi Gan acomete la odisea de revisar el último siglo de la historia del cine, a través de cinco historias.
Cinco temáticas y texturas que van del cine mudo al intimista, del cine negro al de estafadores y mentirosos (como la más fascinante mentira de un arte que solo miente, ¿o es al revés?) para concluir en un trepidante 1999.
Un encadenado de tramas que tienen mucho que ver con los géneros cinematográficos, pero también con los cinco sentidos. Si no ves Resurrection en cine, te vas a perder una de esas películas que hacen historia.