Call me Marianna, Tchindas y Transit Havana


Dicen que la vida empezó en el mar. Y el soberbio documental Tchindas, con guión, fotografía y dirección de Pablo García Pérez de Lara y Marc Serena, también comienza frente al esperanzador océano que rodea Sao Vicente, una paradisiaca isla de Cabo Verde, en la que uno de los personajes protagonistas afirma, jugando a las cartas, que quien nada arriesga, nada gana.

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Tchinda Andrade (tan popular en la isla que su nombre ha servido para denominar a todos los transexuales del lugar) siempre ha arriesgado en su vida. Con la verdad por delante, defendiendo los valores de comunidad, honestidad y valentía, ha logrado llenar su casa (a la vez, taller de costura, maquillaje, pastelería de los buñuelos locales –coxinha-, bar, lugar de encuentro y guardería para sus vecinos y sus hijos…) con tanta vida como la de su playa más cercana.

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Alejado de los tópicos habituales de los documentales de esta temática, sus inspirados directores siguen la excitación que precede los preparativos del carnaval, y consiguen al mismo tiempo, un apasionante retrato de la vida de estos isleños de Cabo Verde. Un paraíso de tolerancia, saber vivir y sentido de la comunidad (del que la gran y avanzada Europa debería aprender mucho todavía).

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Como se dice en un momento del film, “convivimos juntos porque somos lo mismo”. Tchindas va mucho más allá de la historia de su protagonista, es una lección de humanidad y un espectacular momento del “habitar juntos creando comunidad”. Tchindas desborda de ternura cuando da consejos a las madres de cómo criar a sus bebés, o de un inmenso rigor al no permitir la mala educación del borracho de turno.

Ella afirma que es la reina del Carnaval y nosotros, que es la soberana de nuestros corazones. Con muchas Tchindas así, repartidas por los cinco continentes, el mundo cambiaría a mejor muy rápidamente. Un documental que, tras un brillante recorrido por festivales, debería encontrar su lugar en las televisiones públicas para su mayor difusión.

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Si Tchindas capta la naturalidad de la transexualidad, Transit Havana, del cineasta holandés, Daniel Abma, acompaña a tres cubanos/as transgénero (Odette, Juani y Malú) en su reasignación definitiva de sexo (Female to Male y Male to Female), bajo un sistema político socialista, en los que sólo se opera a cinco personas por año, gracias a dos médico, un belga y un holandés. Hasta el momento de su rodaje ya se había practicado la reasignación a 27 y existen 19 personas más en espera.

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Impresionante documental en el que destaca la aparición de otra protagonista, la política y sexóloga Mariela Castro, hija del líder de la revolución y directora del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba (CENESEX), afirmando los ideales políticos de la revolución y, al mismo tiempo, el derecho y la defensa de estas personas frente al aislamiento social, la incomprensión y las dificultades sociales y familiares que sufren cada día.

El festival Zinegoak ha tenido la brillante idea de añadir otro documental que es una de las más gratas sorpresas del certamen. Call Me Marianna, de la polaca Karolina Bielawska, es uno de esos momentos de gran Cine, con mayúsculas, que se viven a veces en los festivales.

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La vida de Marianna Klapczyńska daba para una película y, hasta, para una serie de varias temporadas. Transexual, de la muy católica Polonia (con todo lo que conlleva), tuvo que demandar a su familia para poder obtener la reasignación sexual, situación que la puso en total conflicto con su familia, el encuentro con personas que le ayudan y ayuda en su cambio, un posible amor y, cuando el espectador parece acariciar el tan deseado final feliz que casi roza la mano de la protagonista, otro hecho inesperado, desgarrador e imprevisible, viene a perturbar la felicidad y la entereza de seta valiente mujer.

Mezclando los ensayos de una obra de teatro basada en su vida (que recuerda Los tontos y los estúpidos, de Roberto Castón), momentos de verdadera intimidad, como las conversaciones telefónicas con su familia, instantes de magia total (la escena de patinaje con su novio), y todo un alucinante despliegue de una brillante puesta en escena, crean una película que roza la ficción, a partir de la realidad. La directora Karolina Bielawska derrocha talento a caudales y no sería de extrañar que volvamos a tener noticias, y muy buenas, de esta sorprendente cineasta.

Call me Marianna finaliza frente al mar. La ascensión por la duna, tras la que se oculta el océano, ha sido verdaderamente difícil de subir. El esfuerzo ha merecido la pena y, en ese momento, el espectador comprende que, por fin, comienza la vida de Marianna. Porque según dice, la vida comenzó en el mar.

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