Comanchería (Hell or High Water), EE.UU. 2016


El realizador británico David Mackenzie me recuerda a los pequeños maestros del cine clásico de la edad dorada. No los grandes directores reconocidos por todos, como Frank Capra, King Vidor, Raoul Walsh y Howard Hawks, sino los artesanos de la industria que se adaptaban al género que les proponían, sabían contar a la perfección una historia y dirigían brillantemente a sus actores.

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David Mackenzie es como ellos, desde principios de los años 2000 y con casi una decena de películas, va imprimiendo poco a poco su huella en la pantalla, pasando de un género a otro con fluidez y escogiendo con acierto a sus actores (Ewan McGregor, Tilda Swinton, Jamie Bell, Ashton Kutcher, Natalia Tena, Eva Green, Jack O’Connell…) y en Comanchería, Jeff Bridges, Chris Pine y Ben Foster.

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Con su última película ofrece lo mejor de sí mismo. Una historia, que estaba en la famosa blacklist de los mejores guiones en espera de productor, que no podía estar más pegada a la realidad. Una pareja de hermanos que deciden desvalijar las agencias de un mismo banco con un claro objetivo y una razón que les motiva.

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Navegar entre un road-movie, suspense, típico atraco y western posmoderno, no es fácil para nadie, excepto su director. Hábil narración que empatiza con los protagonistas (falsos malos con más que motivos para estar indignados), una fotografía alucinante de Nuevo Méjico y un doble final heroico, una caza al hombre como en lo mejor de Fritz Lang y un discurso final posicionado socialmente, en contra de la rapiña de las entidades financieras.

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Una apuesta que no ha pasado desapercibida en las selecciones de festivales y nominaciones de la crítica anuales: festival de Cannes, Globos de Oro, Independent Spirit, National Board of Review (NBR), American Film Institute (AFI), Satellite Awards o Premios Gotham. Vaya cosecha para una película nada políticamente correcta.

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Excelente film, de nuevo, de su director, tras el brillante Convicto (Starred Up), este western posmoderno en el que los nuevos indios son los bancos. Ya no hay plumas sino trajes de oficinista y las flechas son créditos basura, pero el objetivo sigue siendo el mismo, consigue el máximo de tierras y propiedades. Las relaciones clientes-banco en estado de guerra, con reclamaciones en ventanilla a punta de pistola, por así decirlo.

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