Loving, EE.UU. 2016


Todavía reciente el estreno de Midnight Special, Jeff Nichols regresa con su obra más equilibrada, Loving, bañada en un clasicismo riguroso y una magnífica dirección de actores que, en febrero del año entrante, deberían estar entre los favoritos de los nominados. En una historia que llama a la rebelión, al crujir de dientes y a la rabia que provoca la injusticia, el cineasta opta por una serenidad electrizante, la calma de los que saben que tienen razón y que, por consiguiente, todo se arreglará con el tiempo.

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Richard Loving es un obrero de la construcción, perfectamente integrado en la sociedad, generoso con sus amigos, introvertido pero amable y respetuoso con todos los que le rodean. Casi el prototipo de hombre americano de los años 50, sin historias, sin problemas y que vive y deja vivir. Enamorado, nunca un apellido fue tan acorde con su naturaleza más profunda, de una cariñosa y tierna mujer, Mildred, igual de natural y ordenada que él. Un único problema va a destrozarles la vida: ella es afroamericana y él es blanco, lo que en la América del tiempo era una afrente para la comunidad.

Richard, frente a la hipocresía general que permite relaciones siempre y cuando no se exhiban en público, decide cumplir con lo que cree un deber y, al mismo tiempo, su deseo más íntimo, casarse con Mildred, en otro Estado, y volver a vivir en su tierra natal.

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Los problemas comienzan de inmediato y la encarcelación del recién matrimonio no tarda en llegar. Se dice que la justicia es ciega pero, en aquella época (¿sólo en aquella?), veía perfectamente la diferencia de color de la piel y no podía permitir este ataque frontal contra la “moralidad y las buenas costumbres” de un país que se había construido a base de inmigrantes de todos los países.

Si la actriz Ruth Negga impresiona e hipnotiza en un papel perfectamente integrado, actuando con una sensibilidad que acongoja al espectador; Joel Edgerton no se queda a la zaga en un espectáculo de interpretaciones magistrales que no dejan indiferentes a nadie. Su carácter reservado no le impide transmitir todo un abanico de emociones y sentimientos expresados con una economía de medios inimaginable.

Si como en pintura, para poder brillar en la más radical abstracción hay que conocer y dominar el carácter figurativo y realista, en cine el camino es similar. En solo cinco películas, Jeff Nichols ha logrado imponerse como el mejor director americano de la actualidad (o al menos, uno de los más importantes) y desde sus primeras obras, más obscuras, llega con su brillante maestría en la tradicional narrativa cinematográfica a realizar Loving, una de las películas que promete conseguir más nominaciones a los Oscars 2017.

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