Fuego en el mar (Foucoammare), Italia 2016


La segunda guerra mundial se encuentra en pleno apogeo. Las hostilidades por tierra, mar y aire no dejan tregua ni a soldados ni a civiles. En plena noche, uno de los navíos de guerra es hundido frente a las costas de Lampedusa. Las llamas alcanzan decenas de metros, un rojo ardiente ilumina la noche y el mar parece ensangrentado.

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De este hecho histórico surge una remota canción popular, titulada precisamente Fuego en el mar, que una emisora local isleña sigue programando a petición de sus oyentes. Hoy el azul indescriptible de las costas de Lampedusa sigue tiñéndose de rojo, pero por otros motivos muy distintos.

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Pero no es de esa canción de lo que trata el sublime documental del director, guionista y director de fotografía, Gianfranco Rosi. Lo más espectacular de su último trabajo cinematográfico (y creo que fue motivo suficiente para que el jurado de la Berlinale de este año le otorgase el Oso de oro) es haber escogido un sutil y diferente punto de vista para tratar un tema tan delicado y desgarrador como los millares de migrantes que intentan y logran, o no, atravesar el océano para llegar a Europa y dejar atrás las guerras, las persecuciones y el hambre.

Gianfranco Rosi escoge cuatro habitantes de la isla de Lampedusa, estratégica por su situación y tristemente famosa por las masivas llegadas y naufragios de inmigrantes, un joven de 12 años, experto en tirachinas artesanales a partir de ramas de árbol, un locutor de radio que aún atiende las peticiones de su público y continua con su programación musical a la medida de sus oyentes, un buceador en de erizos de mar (actividad ante la que el espectador no puede evitar escalofríos cada vez que se mete en el agua, ante la amenaza de lo que puede encontrar) y un médico de cabecera rural (que por las circunstancias tan excepcionales de la isla descubre cada día nuevas enfermedades que no se daban en su entorno).

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Por otro lado, el cineasta también se acerca a las barcas que llegan a la isla, saturados de cadáveres en sus bodegas, gente deshidratada, muerta de hambre y extenuada por un viaje sin fin, en las peores condiciones. Desde la tragedia de 2013, los refugiados y emigrantes no llegan a las costas directamente, los servicios de socorro los recuperan en alta mar y los trasladan a los estructuras de acogida previstas al efecto.

La inteligencia del cineasta ha sido saber mostrar, con esta historia, lo que realmente ocurre en la realidad. Todos somos conscientes de lo que pasa (al igual que los habitantes de la isla), pero no lo vemos directamente. Todo lo descubrimos a través de las noticias de la prensa. Situación real pero alejada de nuestros propios ojos.

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Un alucinante y comprometido documental para espectadores atentos que evita dar cualquier tipo de lección. La película comienza mostrando claramente sus cartas. Los guardacostas han divisado un barco y comienzan su protocolo de salvamento con dos frases, las primeras que se escuchan en el documental: ¿cuántas personas hay? y ¿cuál es su posición? El mar de Lampedusa sigue en fuego vivo y su mar continúa rojo, tendremos que definir, rápida y claramente, cuál es nuestra posición frente a este desastre humanitario.

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