Un monstruo de mil cabezas, México 2015


El cine latino sigue con su excelente racha cinematográfica. Ahora le toca al potente cine mexicano desplegar toda su fuerza con una verdadera pepita de oro concentrada en sólo 75 minutos del mejor y más alucinante cine inteligente y comprometido. Rodrigo Plá, ese incisivo y lúcido analista de los males de nuestra época, presenta su quinta película, Un monstruo de mil cabezas, junto a su habitual guionista, y esposa, Laura Santullo. Sin lugar, a dudas, su mejor película hasta el momento.

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The Corporation, un espectacular y alucinante documental canadiense, se encuentra al origen de esta historia. En él se analizaba cómo las multinacionales se comportan frente a sus empleados como verdaderas psicópatas sin escrúpulos, egoístas y despiadadas, con jugosos análisis de eminencias como Michael Moore o Noam Chomsky.

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Frente a esta chocante realidad, la imaginación de estos dos brillantes cineastas mexicanos ha creado una guión en hormigón armado, verdadera bomba de relojería cinematográfica: Sonia intenta por todos los medios convencer a su aseguradora para que financie el tratamiento médico que puede salvar la vida de su marido…

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Esta Antígona actual que no quiere tener que enterrar a nadie, dado que existe un protocolo capaz de curar a su esposo, decide sobrepasar los límites de lo inimaginable. De hecho, frente a los prácticas inmorales más que insoportables de la aseguradora, ella se ve obligada a intentar todo lo posible para salir de esta situación.

La inteligencia de Rodrigo Plá (que ya nos había seducido por La Zona, Revolución o La demora) es plantear un tema (que se extiende como una plaga entre nosotros: la privatización de servicios de salud en manos de corporaciones privadas, cuyo único interés es privado con única lealtad a los accionistas de su sociedad) no como un drama social sino como un angustiante y vertiginoso thriller de acción.

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La puesta en escena del director de esta esposa (y madre, que se verá acompañada en su lucha por la justicia con su hijo como testigo y cómplice, Sebastián Aguirre Boëda, que mantiene excelentemente el tipo frente a la inmensa presencia de su madre) es uno de los trabajos sobre juego entre espacios vacíos y tensiones saturadas, distancias entre personajes, puntos de vistas distintos y profundidad de campo y encuadres inspirados en cada encuentro de su protagonista con los miembros de la aseguradora es una verdadera lección de cine, digna del mejor John Ford.

Y para guinda del pastel, la actriz Jana Raluy. Apoteósica esta intérprete de teatro que, en cada plano, conquista al espectador por su sublime prestación. A pocos días de las nominaciones de los Premios Ariel, 13 de abril, cruzamos los dedos para que esta apasionante película tenga tantos premios, como las cabezas que indica su título, y que Jana Raluy se vea recompensada, muy merecidamente, como mejor actriz.

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