Eisenstein in Guanajuato, Países Bajos 2015


Cada nueva película de Peter Greenaway es una odisea visual sin límites. Una aventura más allá de lo convencional soñada por uno de los directores que más se arriesga en materia cinematográfica. Sin abandonar su universo personal, el cineasta investiga, se lanza, intenta, prueba y deja perplejo, alucinado y boquiabierto al espectador.

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Su último trabajo prometía un resultado espectacular y contenía tres de los ejes primordiales de sus temáticas preferidas. Un biopic de un personaje mundialmente conocido al que idolatraba, el cineasta ruso Sergei Eisenstein, padre de vanguardias y un pilar de la historia del séptimo arte, un periodo rico en referencias mortuorias y ambientes oscuros, el México de los años 30 con su culto a la muerte y sus rituales paganas y cristianos, en sabia armonía, y un despertar sexual tardío y, forzosamente, gozoso.

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La sutileza de Peter Greenaway consigue que, lo que primeramente debía ser un documental, se incline con flexibilidad y se disfrute con elegancia al pasar del lado de la ficción. Excelentemente documentada, la película no sólo es un magnífico retrato del célebre cineasta (su afición a viajar con toda la documentación posible habida y por haber, su manía hacia las moscas y mil detalles más) sino uno de los biopics más originales sobre un personaje histórico.

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La película se centra en el año que pasó Sergei Eisenstein en territorio azteca para realizar un film, que dejó inacabado tras su fuga del país. Muchos años después, en 1979, Grigori Aleksandrov montó una película, según los storyboards y dibujos originales de Eisenstein, con el título de ¡Que Viva México!.

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Peter Greenaway ha logrado un actor principal impresionante, Elmer Bäck. Muchos no reunían las características que deseaba el director y otros se asustan al leer un guión en el que no falta nada de lo que habitualmente un actor no realiza delante de la escena.

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La desinhibida película encuentra en Elmer Bäck y en el excelente actor que interpreta a su guía local y amante, Luis Alberti, una pareja que funciona a la perfección química y visualmente con todas sus contradicciones físicas y sociales (soltero-casado, alto-bajo, redondo-flaco, distante-implicado…).

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Pero como siempre lo mejor son las proezas visuales que el barroco cineasta siembra a lo largo de todo el metraje. Efectos especiales donde menos se esperan, cámara sin cortar en donde todos pensamos que hay truco, travellings de ensueño, mágica fotografía y decorados a la altura del conjunto. En sección competitiva del festival de Berlín la película sorprendió a crítica y público, como siempre ocurre con Greenaway. Una imprescindible experiencia cinematográfica de 2015.

Un comentario

  1. A mi Greenaway me da pereza por muchas razones,pero està película me llama la atención,asique tendré que ir a verla,jejej.
    Un saludo Carlos y buen veranoo

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