James Dean: la mirada que lo daba todo sin prometer nada (1ª Parte)


Tras dos guerras mundiales la década de los 50 se anunciaba bajo los mejores auspicios, sobre todo, en América. Falditas de vuelo y rebequitas frente a pantalones de pinzas  y tupés, precursores de la arquitectura de Frank Gehry, Cadillacs rosas y Grace Kelly, de actriz a princesa, ejemplos perfectos de que todo era posible y alcanzable si se deseaba fervientemente.JD00Pero el dorado color del sueño americano y su estilo de vida, exportado con inmejorable éxito al universo entero gracias a la publicidad, que conoce su máximo desarrollo en la época, no lograron apagar las tensiones que lo hicieron estallar una década después. Una guerra fría que aportaba su tensión diaria, los éxitos de los ensayos atómicos de la URSS, el comité de actividades anticomunistas de un lado y un radical anticapitalismo del otro, Corea, Cuba… en un baño de paranoia y persecución angustiante a punto de hervir y desbordar.JD3La generación de los 50 quiso romper con la anterior y lo realizó, principalmente, a través de las dos culturas populares más expansivas inimaginables: la música y el cine. El nacimiento del  rock and roll, gracias al ex camionero  Elvis Presley, número uno de la listas del mundo entero con su tema Heartbreak Hotel, el 21 de abril de 1956, (aunque Bill Haley ya había sentado las bases un año antes con su bombazo, Rock Around the Clock). Y la encarnación perfecta del actor James Dean del joven rebelde y en ruptura con sus progenitores.JD6Al Este del Edén, bien que centrada en una historia situada en 1917, reflejó perfectamente el momento histórico y los anhelos de toda una generación, que no se veía representada en la pantalla (hijos y padres perfectos, en amante armonía, disfrutando de una Coca-Cola, recién salida de la nueva nevera).JD2La adaptación de la novela de John Steinbeck (más bien las últimas 100 páginas de un libro de 600), traslada la historia de Caín y Abel al valle californiano de Salinas, cuna del escritor, para contar la lucha de dos hermanos por obtener el amor de un puritano y  tradicionalista padre. De un lado, el padre y el hijo, impecables, y del otro, James Dean en joven melancólico, huraño, imprevisible, indeciso y, al mismo tiempo, enérgico.JD4El actor había intentado lograrse un hueco en el cine de Hollywood a principios de los 50, sin mucho éxito (su primer trabajo fue un anuncio de Pepsi Cola), y se trasladó a Nueva York para intentarlo esta vez en el teatro. En 1953 la obra de André Gide, El inmoralista, le lanzo a la prueba de su vida: la del protagonista de Al Este del Edén, que le abriría las puertas de par en par de la industria de los sueños.JD7Elia Kazan había citado sólo a  dos actores para la prueba: James Dean le convenció de inmediato, su aire despistado, su abierta sensualidad y su falsa inseguridad, sobrepaso la prestación del otro candidato, desconocido en aquella época, nada más y nada menos que Paul Newman.JD1La primera aparición de James Dean en la pantalla es espectacular. Aún sentado, encogido y mirando de reojo a una señora pasando junto a él, el actor capta de inmediato el interés de la sala y parece ocupar toda la pantalla, con su mirada de entrega sin condiciones y fecha de caducidad borrada.JD9La historia conmovía a todo los integrantes. Una madre desaparecida sin dejar rastro (casi la biografía personal del actor) le recordaba todo lo mal que lo había pasado también Elia Kazan con su segundo divorcio. Y la rivalidad del padre  y el hijo en la pantalla era reflejo exacto de la realidad tras la pantalla entre los dos actores. JD10Raymond Massey, intérprete de toda la vida, conocía a la perfección sus réplicas y no se salía ni una coma de su texto, y James Dean, uno de los primeros en utilizar el método del Actors Studio, creado por el célebre director, improvisaba continuamente y sacaba de quicio al veterano actor.JD8En una mítica escena de la película, cuando su padre le rechaza el regalo de cumpleaños, el actor debía darse media vuelta e irse (los spoilers, 60 años después prescriben). James Dean se agacha frente a la mesa, casi hasta caer, se gira y vuelve hacia su padre, duda en acercarse a él, comienza a llorar pegado a su pecho, levanta sus manos con el regalo hasta los hombros de su compañero de reparto, retiene su aliento, desparrama el fajo de billetes, se da media vuelta y sale en una amplia curva que atraviesa todo el decorado.JD12El espectador que supone ve el sufrimiento de un padre como pocas veces se había filmado, en verdad, está viendo a Raymond Massey conteniendo sus inmensas ganar de matar a ese insoportable debutante, al mismo tiempo que alucinado, como todos, por el genio de su interpretación, y sintiendo también que el mocoso le está robando la escena que, en principio, estaba destinada para su lucimiento. Y Elia Kazan en el séptimo cielo, aprovechando esa real e intensa lucha entre generaciones.  JD0A la proyección de la première en Nueva York del 9 de marzo de 1955, en la que hasta Marilyn Monroe se puso a repartir programas entre el público, James Dean no acudió. Unas semanas después pasaba todos las noches en coche para disfrutar de las enormes colas ante la taquilla, y seis meses se acababa el vuelo del ave fénix que más alto había volado jamás. Pero antes nos dejaría otro regalo.

Continuará

5 comentarios

  1. Siempre es de buen agradecimiento recordar la figura de uno de los actores míticos de Hollywood: su puesta en escena, su elegancia entre madurez y rebeldía de juventud.

    James Dean ha sido y es un actor de cabecera para muchos, y mira que actuó en pocas películas…

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  2. Dos erratas detectadas: en el segundo párrafo, el autor contrapone «anticapitalismo» a… ¿»anticapitalismo»? Supongo que quiso decir, en uno de los dos casos, «anticomunismo». Y, en el penúltimo párrafo, entiendo que donde dice que el actor debutante le estaba «rodando la escena» al veterano, realmente quiere decir que se la estaba «robando». Gazapos insignificantes que no restan valor a un excelente artículo, pero que merecen ser corregidos.

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