Del teatro al cine pasando por el Festival de San Sebastián


por Carlos Loureda

Dos perlas, dos joyas, sin duda alguna, que tienen por origen obras de teatro. Jugoso y delicioso de la norteamericana del sur Lucy Alibar y Referéndum del sudamericano del norte Antonio Skármeta.Bestias del salvaje sur, gran premio del jurado de Sundance 2012 y Cámara de Oro de Cannes 2012, es otra inmensa película que nos viene del más profundo sur americano. Con la familia como tema principal, en la vena de Jeff Nichols, Matthew Gordon o el mismísimo William Friedkin, radicalmente distintas del cine que se hace el rico norte del país.Hace mucho tiempo, en 1936, Marc Connelly realizaba Los verdes pastos, otra joya, en esta ocasión de los viejos tiempos, en la que traspasaba a la pantalla algunos relatos bíblicos desde el punto de vista de la comunidad negra, pobre, rural y casi analfabeta, norteamericana. Un film que nadie puede olvidar y que también era una adaptación de una obra de teatro. El misterio y la inmensa ritualidad del diluvio universal se me ha aparecido, salvando las distancias, delante de esta historia de una niña de 6 años que perderá su hogar, su padre y su niñez al mismo tiempo.Bienvenidos al apocalipsis de este cuento negro, gótico y húmedo de una lluvia que sin principio no tendrá final. Y como en toda historia infantil tiene que haber unos monstruos, los uros, entre jabalís y mamuts, un personaje principal de la familia, el padre (interpretado por el dueño de la panadería del barrio del director, Benh Zeitlin) y las hadas más maravillosas que hayan pasado por la pantalla, las prostitutas que ejercen su profesión en un barco.  Todo está tan maravillosamente contado, con tanta alegría, fervor e, inmensa ilusión en el poder de la imagen, que el espectador se sumerge de lleno en su historia, y la capacidad que sus autores poseen para crear todo un universo tan fantástico como real en el mismo plano es tan impresionante, que lo único que esperamos es que realice pronto su próximo film.Parece que los Pablos son bastantes fieles con sus actores: Pablo Larraín y Alfredo Castro, 3 películas de 4, Pablo Berger y Ramón Barea, 3 de 3. Me gusta Larraín desdeFuga su primera película en 2005, y con el tiempo, este asombroso director ha logrado limar sus asperezas cinematográficas, que creo que imponía adrede a sus espectadores, para conseguir con su último trabajo, lo mejor y más accesible de su carrera.Comenzando por la proeza e inteligencia de utilizar cámaras de los años 80 para su rodaje (hoy ha sido un día muy años 80 junto a Argo, me tenía que haber puesto unos pantalones de campana para estar a tono) que dan a su película esa imagen tan peculiar de la época y el formato casi cuadrado (como también en Blancanieves).

No cierra la trilogía que el autor ha consagrado a la dictadura chilena con Tony Manero y Post Mortem. Pero, sin duda alguna, esta última entrega va más allá puesto que trata la campaña del No en el referéndum de 1988. Gael García Bernal interpreta a un publicista que se encargará de concebir la campaña de la oposición. Tremendamente divertida, Larraín ha desplegado su particular humor negro, inteligente y audaz, las dosis de tensión y comedia son perfectas y, personalmente, creo que es No constituye un raro ejemplo, por inhabitual, de equilibrio entre cine de autor y gran público, con un tema sensible y serio tratado con sumo respecto y la distancia perfecta para convertirlo en un peliculón.

Quien haya programado el orden de las películas este año en el festival estaba realmente inspirado porque Argo también trataba de la utilización de la imagen en la política, pero eso será para otra entrega…

Continuará…

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