Entre tanto drama, depresión y pesimismo, por fin, se lanza alguien en Cannes a analizar la realidad desde una perspectiva más colorista y divertida. Hacer llorar es tan fácil como manipular la conocida ecuación del desamor, enfrentamientos generacionales, traiciones o venganzas. El humor pertenece a los privilegiados.
La película de animación 2D de Marco Nguyen y Nicolas Athane propone dos lecturas en paralelo. Una simplista y directa: una alocada comedia musical, con más color que la bandera arcoíris, fotografía corrosiva de la fauna gay parisina (o sea, internacional o similar en cualquier capital del mundo), que se ríe de sí misma, y no deja títere con cabeza frente a los, llamados por la sociedad heterosexual, excesos de la comunidad.
En resumen, una mariconada en forma de película que se ha colado entre una programación altamente masculinizada, heterosexual y blanca. Un calificativo que entre otro cualquier colectivo podría considerarse un insulto, pero que esta comunidad, acostumbrada a sufrirlo desde hace tantos cientos de años, ha sabido apropiárselo para mayor disfrute propio (pero, sobre todo, para mayor enfado de los que lo lanzaban como un arma de desprestigio y desvalorización social).

Jim Queen es el protagonista y, a la vez, la historia del influencer parisino más idolatrado de las redes sociales, con un cuerpazo de portada de revista y una relevancia social innegable. Pero todo sueño tiene su fin, más aún en la era de la virtualidad de las redes y la proliferación de pantallas, y nuestro protagonista se verá muy pronto expulsado de su trono.
Jim Queen no tardará en perder a todos sus followers (el sinónimo inmaterial actual de la antigua riqueza material del siglo pasado) a causa de la heterosis, una misteriosa enfermedad de origen desconocido, que está diezmando la comunidad de la diversidad sexual, convirtiendo a los gays en heteros.
La película, como divertimento, funciona a la perfección con sus sucesivos gags y bromas encadenadas sobre el culto al cuerpo, los roles sexuales, las referencias a los clásicos de animación de Disney o las comedias musicales… Todo un programa de francas sonrisas y sonoras carcajadas. Pero la broma también puede acabar ahí.

Jim Queen plantea otra lectura. La más interesante. En estos momentos la situación política internacional, con relevantes dirigentes al mando de varios en importantes países occidentales, ha logrado instaurar un clima y una agenda en la que la comunidad LGTBIAQ+ se ha puesto en el centro de la diana.
Su objetivo es claro y abiertamente publicitado: hemos llegado muy lejos en los derechos de la comunidad de la diversidad sexual y lo conseguido hasta ahora tiene que reducirse y, si es posible, anularse.
Muchos no niegan que debe realizarse a cualquier precio de cualquier manera: reinstauración de los métodos de reconversión, negación del colectivo trans, criminalización de los grupos sociales racializados. Todo vale para cumplir una agenda bien meditada que no deja nada al azar.
Las imágenes y situaciones de Jim Queen sobrepasan la interpretación por lo evidentemente legible de sus metáforas: un virus creado desde el Estado para normalizar a una comunidad que no entiende, pero que, sobre todo, no controla. La necesidad de reconvertir a toda una población que ha creado su cultura alternativa, al margen de lo que se debe y se tiene que consumir.
Una ministra de Sanidad involucrada en todo este proyecto de exterminio, alusiones a la solución final o el tan esperado regreso, por parte de algún sector social, de una Gaystapo muy especial… No desvelaremos nada para no diluir el placer de un film tan político o más que Orlando, de Paul B. Preciado, o Uchronia, de Fil Ieropoulos.

Jim Queen es, ante todo, la película más comprometida políticamente de esta edición de Cannes porque alude directamente a lo ya nos avisaba Quinto Horacio Plato en siglo I a. n. e. «Nam tua res agitur, paries cum proximus ardet» (Tu propia causa está en juego cuando el muro de tu vecino arde).
Esto no va de la comunidad gay parisina, esto es un lúcido análisis de que se empieza por una prioridad nacional y siguen con la sexual, la de estatus social, la racial… Discursos que vuelven de épocas muy oscuras que parece hemos olvidado.
Frente a ello Jim Queen propone una solución: una respuesta unida, que cuente con la integridad de los miembros de la comunidad, y transforme todos nuestros recursos, incluso los llamados excesos, en armas de legítima y necesaria defensa.
Jim Queen, la película más política de Cannes 2026, llegará pronto a las salas de cine. Esperemos que también llegue a nuestros cerebros.
JIM QUEEN, de Marco Nguyen y Nicolas Athane (France – 1h23)
Cannes 2026 – Proyecciones de Medianoche