La vaca y Saint Amour (Francia 2016), y el Salón de la Agricultura de París


Un evento, en la apretada agenda cultural y festiva de la capital francesa, que no ha visto reducido ni su relumbre ni su asistencia, pese a las innumerables ediciones con los que cuenta, y que cada año parece superarse, es el Salón de la Agricultura.

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La población más urbanita de Europa hace colas de decenas de metros para ver una vaca o un cerdo en directo, el mismísimo presidente de la república asiste a su inauguración, y familias enteras pasan el fin de semana en éxtasis ante un grupo de gallinas, tan alucinadas como sus numerosos admiradores.

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Coincidencia en la cartelera francesa, y estreno de una de ellas en la nuestra, son dos películas que han utilizado este marco tan campestre para realizar dos road movie disparatados. En Saint Amour, el recorrido de la ruta de vinos franceses, que se puede hacer en el Salón sin salir de la feria, por una vez lo harán fuera); y en La vaca, es todo el largo y sinuoso periplo de una gloria local, Jacqueline (una vaca, que podría ser primer premio de belleza árabe), desde Argelia hasta el mismísimo París.

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La pareja de directores más surrealista del cine belga, Benoît Delépine y Gustave Kervern, adoptan su peculiar sentido del humor en una película repleto de cameos de lujo: el escritor Michel Houellebecq, la actriz porno Ovide, o la voz de la divina Yolande Moreau.

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Un trio infernal muy masculino, padre e hijo en conflicto continuo, Gérard Depardieu y Benoît Poelvoorde, acompañados de un taxista parisino, Vincent Lacoste (que puede estrenar cuatro películas por año), superado por las magníficas actrices que encarnan los personajes maravillosos con los que se van cruzando en su camino: Céline Sallette, Chiara Mastroianni, Izïa Higelin, Ana Girardot y Solène Rigot.

La verdadera sorpresa fue es el estreno de La vaca. La nueva comedia de Mohamed Hamidi conquistó de inmediato al público y acabo con casi un millón trescientas mil entradas, lo que sin grandes estrellas ni publicidad es un verdadero fenómeno cinematográfico.

Éxito, sin duda, justificado por su gran protagonista, Fatsah Bouyahmed, la delicadeza de sus intérpretes, el amor que se desprende de sus diálogos y una ternura, sin límites. Esta pequeña fábula sobre cómo no abandonar los sueños y su llamada incondicional a echarnos una mano, los unos a los otros, es un verdadero momento de felicidad en un cine actual que centra sus preocupaciones en temas violentos y difíciles. Reconozco que disfrute con esta tierna comedia como hacía tiempo.

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