Dos metros de esta tierra, Palestina 2012, y Ana Arabia, Israel 2013


La actualidad en los periódicos, esta interminable y sangrienta guerra que sólo avanza en número de víctimas mortales e intensidad de odio entre las dos partes, y la cinematográfica coinciden una vez más. El estreno la próxima semana de estos inspirados, Dos metros de esta tierra, del sevillano con ascendencia palestina Ahmad Natche, en Barcelona (Zumzeig) y Madrid (Princesa), se produce tras la presentación del último film de Amos Gitaï en la edición 2013 de la Mostra de Venecia.DMT1¿Cómo traducir en imágenes todo el sufrimiento de miles de familias separadas por un destierro impuesto, destrozadas por las bombas y condenadas a un perpetuo estado de terror? Nada más complicado de mostrar lo que no se quiere ver, de insistir en lo que todos quieren olvidar y de gritar lo evidente: basta ya de tanta sangre, sea cual sea su origen geográfico, creencia o color.

Por eso abordar un tema tan complicado como el de la guerra israelí-palestina (dejémonos aparte el lenguaje interesado, político e hipócrita, que se atreve a calificarlo solamente como “conflicto”) plantea tantos problemas a los cineastas que se interesan a este desastre actual.DMT3La sensibilidad de estos dos directores ha elegido, curiosamente, el mismo recurso para narrar esta historia. Una periodista (que en Dos metros… habla de su profesión, convertir lo grande en pequeño, en paralelo a la poesía, transformar lo pequeño en grande) que se va apropiando de un momento concreto, la celebración de un festival cultural en Ramallah, o como en el caso de Ana Arabia, que se funde en las historias de una pequeña comunidad de vecinos en un pueblito israelí, entre Jaffa y Bat Yam.DMT2Y cada uno ha optado por una forma estética particular. Amos Gitaï, más ambicioso, se lanza a un único plan secuencia de 80 minutos, bellísimo, impresionante y abrumador, que sigue a los protagonistas, sin un momento de reposo. Ahmad Natche prefiere una muestra más expresionista, desde los momentos de trabajo del personal de la organización del evento se pasa a los propios artistas, o al público que espera impaciente, que comenta sus pequeños relatos de la vida cotidiana, en un collage inteligente, sobrio y radiante.AAReconozco que por mucho Amos Gitaï que sea, un director que desde siempre me ha parecido de una sinceridad y honestidad abrumadora, mi preferencia en esta ocasión va más hacía esos Dos metros de esta tierra, reconocimiento que ya ha obtenido en muchos festivales. Película con un título evocador, directo de una poesía de Mahmud Darwich (1941-2008), y en los que la belleza de sus versos se ve trasladada a la pantalla por la sutil y respetuosa mirada de Ahmad Natche.MahmoudMe bastarían tan sólo dos metros de esta tierra

(uno setenta y cinco para mí…

y el resto para la flor de colores confusos

que, despacio, me sorbe). Y es mío

aquello que fue mío: mi ayer y lo que será mío,

mi mañana lejano, la vuelta de mi espíritu errante.

Mas ahora, tras haberme llenado

de todos los motivos de la marcha,

no soy mío.

Yo no soy mío,

No soy mío.

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