No existe nada más aburrido en la industria cinematográfica que la interminable sucesión de galas para la entrega de premios. Una retahíla de ceremonias nacionales, que empieza en diciembre y acaba en marzo (Forqué, Feroz, Gaudí, Mestre Mateo, Gaudí, Carmen, Goya…), a las que si se añaden las extranjeras más reseñables (César, Óscar…), convierten la vida en la búsqueda de outfits (en esto como predica Alaska, cuánto más mejor) para asistir a una repetición de galardones con discursos previsibles y repetidos. O sea, un “gran” problema del primer mundo.
Pero también no hay nada más deseable que las galas de cine. Un placer inconfesable para poder confirmar que la ceremonia se ha alargado en demasía o que los números musicales eran infinitos, los vestidos horrorosos y las salidas de tono del olvidado actor o actriz, que lo ha apostado todo a esos cinco minutos que no disfruta desde hace siglos, para poder volver al candelero. Aunque acabe otra vez en el mismo candelabro apagado en el que hiberna desde temporadas inmemoriales de premios.
Sin embargo, hay que confesar que la 40ª edición de los Goyas nos ha gustado tanto como a Susan Sarandon. No existe mejor localización que la que te sitúa intelectualmente junto a personas afines a tus inquietudes, aún más si son políticas, en este tiempo de ruido ensordecedor de fake news y manipulaciones informativas.

Vamos con los premios que, al fin y al cabo, es lo menos interesante. Sorpresa, ninguna. La carrera que Los domingos había iniciado en la temporada se confirma, la academia no se olvida de Sirât ni de los grandes nombres de este año. Qué fantasía imaginar que la protagonista de Los Domingos se convierta años después en la de Sirât, recorriendo las raves europeas y firmando la continuación Albert Serra en Los domingos se acaba la rave.
Alauda Ruiz de Azúa se impone en las categorías artísticas con 6 cabezones: mejor película, dirección y mejor actriz, mejor protagonista para Patricia López Arnáiz y mejor actriz de reparto para Nagore Aramburu. Oliver Laxe se lleva los 5 técnicos: música original, montaje, sonido, dirección de producción, fotografía y dirección de arte. Sorda con Álvaro Cervantes al premio a mejor actor de reparto, Miriam Garlo como mejor actriz revelación y Eva Libertad, mejor dirección novel. Mejor actor protagonista para José Ramón Soroiz, por Maspalomas.
Mejor guion adaptado y vestuario para la comedia La cena; canción original para Flores para Antonio, de Alba Flores y Silvia Pérez Cruz; efectos especiales para Los tigres; mejor película de animación, Decorado; documental, Tardes de soledad, película iberoamericana, la argentina Belén; la europea para la noruega, Valor Sentimental; mejor cortometraje de ficción, Ángulo muerto; corto documental, El santo; y corto de animación, Gilbert.
Los grandes olvidados de la noche: Ciudad sin sueño que solo logró mejor actor revelación, Estrany Riu, La furia y Olivia y el terremoto invisible que merecía, al menos, otra nominación a mejor guión. Por supuesto, se sigue cumpliendo la mala tradición de no premiar a Carla Simón, nuestro François Ozon nacional, que con 17 nominaciones Goya en los últimos años, no ha vuelto a ser premiada desde 2018 con Estiu 1993.
Aunque la ceremonia empezó raruna, las nominaciones a mejor actriz de reparto sin ningún comentario frente a la loa y alabanza de cada uno de los actores de reparto (¿todavía estamos así en 2026?), la gala se animó con una mezcla de las lenguas cooficiales y de signos en la edición más inclusiva lingüísticamente hablando.
La 40ª añada de los Goyas ha dejado 3 o 4 discursos icónicos que dejaban a Wim Wenders en las nubes del cielo berlinés, donde parece haberse quedado al afirmar en la Berlinale que nada de discursos políticos. El cine es político o no lo es.
Álvaro Cervantes con el capacitismo; Carlo D’Ursi con su reivindicación de la bondad, como Julia de Castro en los Feroz; la reina de la noche, Miriam Garlo (no se cambia de plano cuando alguien signa porque no se puede seguir el discurso); Susan Sarandon citando al historiador y filósofo americano Howard Zinn; y Alauda Ruiz de Azúa recordando que solo 4 directoras tienen el Goya en 40 años de historia se convirtieron en las protagonistas de la noche, junto al necesario pin de Free Palestina.

Por cierto, recomendaciones sobre el citado filósofo americano citado en la gala: el documental Howard Zinn: You Can’t Be Neutral on a Moving Train (2004), donde se aborda el activismo y pensamiento del autor; cado en su papel en el movimiento por los derechos civiles y antibélico; The People Speak (2009), sobre la historia de la lucha social en EE. UU., producido por él o ReGeneration (2010), en el que Zinn denuncia la apatía política actual y el papel de los medios de comunicación en la sociedad.
Una gala, 2 minutos más corta que la anterior, eso sí empezó en febrero y acabo en marzo, pero que mereció la pena. Quizás, lo que nos falte al sector sea un nivel un poquito mayor de autocrítica. Está muy bien denunciar, reflexionar y abrir debates, pero en un tiempo de caza y captura política de la población migrante y racializada, ¿dónde están los actores, actrices, directores, críticos o guionistas latinos en un país en el que casi el 10% de la población de nacidos en Latinoamérica residen legalmente en España?
Abrimos un melón que nadie parece querer abordar. Desde aquí sí se puede y queremos hacerlo. Carl Jung afirmaba que quien mira afuera, sueña: quien mira adentro, despierta. En Cine Invisible (nueva temporada y van…) nos gusta mucho soñar para estar bien despiertos.