Gett: El Divorcio de Viviane Amsalem, Israel 2014


Mientras reitera, por enésima vez el mismo argumento, su abogado la mira con cierta piedad. Al mismo tiempo, su marido se inclina para observarla con su mirada de cordero degollado, por si los jueces le están mirando a él. Éstos no paran de observarla a ella para lograr comprender por qué se empeña en volver a intentarlo.D1Nosotros, como espectadores de cine y público ante este proceso, no la vemos al menos durante los primeros cinco minutos de la película. Literalmente no existe. No tenemos ninguna imagen de ella. La cámara se sitúa frente a los que la miran y, por tanto, ella no aparece en los primeros planos. Es como si no estuviese incluida en la historia. Como si no existiese en la vida.D2Y sin embargo, ella, Viviane Amsalem, sabe que  existe porque lleva luchando tres años para intentar conseguir su divorcio. La prueba de sus existencia es la  inquebrantable reivindicación de su libertad ante toda una sociedad, supuestamente, moderna.D3Israel niega el matrimonio civil y el divorcio, sólo se concede, si el marido otorga concedérselo a su esposa ante unos jueces (por supuesto, también hombres) que aplicarán la ley religiosa y para los que lo vital, esencial y prioritario es salvar, a cualquier precio, un matrimonio judío. Indiferentemente de que sea a costa de la salud física y mental de miles de mujeres. D4La pareja de realizadores y guionistas, Ronit Elkabetz y Shlomi Elkabetz, no podían cerrar mejor su trilogía sobre la emancipación femenina que comenzaron hace 10 años (casi el mismo tiempo que la duración de un divorcio en Israel) con Ve’Lakhta Lehe Isha (Tomar esposa). D5En esta primera parte, Viviane intentaba, de nuevo, dejar a su esposo frente a la total oposición de sus hermanos. La historia continuó con Los siete días (2008) y finaliza sublimemente con el proceso de divorcio de la protagonista que ha recorrido las tres partes de la trilogía, la alucinante, espectacular, hipnótica y alucinante actriz Ronit Elkabetz (titulada, en la Quincena de Realizadores de Cannes, Le procès de Viviane Amsalem).D6Una sala de audiencia y un pasillo por todo decorado. Con tres jueces, un oficial de juzgado, dos abogados, cuatro testigos, los dos protagonistas y algunos extras, en total, una veintena máximo de intérpretes (todos increíblemente convincentes), la pareja de directores ha vuelto a lograr una película con tanto suspense e intensidad, como en Solo ante el peligro (1952) de Fred Zinnemann, bañada en la radiante intensidad de las fotografías de Cindy Sherman y tan bien estructurada como la escritura del, siempre, inspirado Asghar Farhadi. D7Un detalle más que significativo: casi al final del proceso de divorcio, en una escena altamente eléctrica, un buen cuarto de espectadores no pudo evitar soltar tacos, exabruptos y maldiciones… (reconozco que, entre ellos, también estaba yo). Si no ves esta película, puedes considerar que no has visto cine este año. ¿Será el divorcio de Viviane Amsalem la mejor película de 2014?

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