Anni Felici, Italia 2013


Daniele Luchetti lleva 30 años completando una filmografía impecable. Si bien sus primeros largometrajes, a partir de 1985, tenían un tinte más marcadamente político, sus últimos trabajos han ido analizando la familia, radiografiando la pareja y escribiendo un mapa de sus múltiples y complicadas variaciones (el anterior en 2010, la magnífica La nostra vita).AF0En doce largometrajes, como doce perlas, el director ha sabido escoger a la perfección a sus actores. Su próximo film que dará que hablar, la biografía del primer Papa argentino, basado en el libro Francisco: El Papa de la gente, de Evangelina Himitian, con Antonio Banderas como protagonista, será el número 13 y esperemos que no cambie la excelente racha que disfruta.AF1Por lo pronto, Años Felices (o Ton absence, en territorio francófono) es otra pura delicia de sensibilidad, humor y ternura. Como primer y más importante ingrediente sus protagonistas, la siempre fascinante Micaela Ramazzotti (La prima cosa bella) y Kim Rossi Stuart.AF2Una pareja romana de los años 70 compuesta de dos polos radicalmente opuestos, un artista de vanguardia que quiere huir de las convenciones burguesas de funcionamiento familiar y la típica mamma italiana centrada en su marido y sus dos hijos. Dos críos de 5 y 10 años que asisten a sus disputas, rencores y reconciliaciones “a la italiana”.AF4Con el justo toque biográfico que le da un aire de agradable veracidad, la fotografía de Claudio Collepiccolo que baña literalmente a los intérpretes, otra importante actriz europea en el reparto, Martina Gedeck (La Vida de los otros, 2006) y un guión que no repara en giros inesperados, cambios de ángulos de vista al seguir a los actores y gratas sorpresas, esos años felices producen el mismo efecto en los espectadores.AF6Aparte de un hermoso retrato de una familia en plena crisis de valores post 68, la película añade una crítica y lúcida reflexión sobre los movimientos artísticos de esa época. Un momento en que se hablaba, al igual que en otros ámbitos, del final de la arte y en que comenzaba a imperar la performance como, casi, única expresión artística válida de la modernidad. Unos hacían performances en las galerías, esta familia también las hacía en casa.

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