Los actores españoles dopados por el cine francés


La magia de las palabras no tiene límites. Definen conceptos, sitúan espacios, transmiten sentimientos y algunas atraviesan fronteras entrando en los diccionarios de países lejanos. Frente a uno de los galicismos instalado en medio mundo “chovinismo”, o la exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero, también algunas de nuestras palabras han plantado raíces en el mundo, una de las más presentes es “cacique”, no es necesaria su explicación dado que los soportamos desde hace siglos.

Sin embargo el famoso chovinismo francés parece haber encontrado una nueva vena de inspiración entre nuestros artistas. Tras el maravilloso elenco de Las chicas de la sexta planta, Natalia Verbeke, Lola Dueñas, Berta Ojea, Nuria Solé, Concha Galán, y la recién premiada con el César 2012 a la mejor actriz de reparto, Carmen Maura (por cierto, película aún sin estrenar en este país, hecho totalmente inexplicable), y absolutamente alucinante, como siempre, en su papel de madre judía de Let my people go!, se añadía Elena Anaya en Cuenta Atrás o Lola Dueñas, de nuevo, en El amor de Tony.

Por si fuera poco en este mes se añaden otros cuatro estrenos franceses con actores españoles. Dos estrellas absolutamente idolatradas en Francia, Victoria Abril en la comedia Mince alors! y Rossy de Palma en 30° Couleur y también dos actores: Daniel Brühl en 2 Days in New York, de la sublime Julie Delpy y, preparaos, el Schwarzenegger de la taquilla española, Santiago Segura. El actor aparece en Comme un chef, comedia sobre la cocina tradicional y la vanguardista, en la que Santiago Segura, en sólo cinco minutos, en el papel de estrella de la cocina molecular se come literalmente la pantalla, en un francés aproximado y un castizo castellano (que parece salido de una total y magistral improvisación ante la cámara) que constituye lo mejor, sin duda alguna, de la película.

A lo que iba. Pero ¿qué les ocurre a los descendientes de Astérix y Obélix ante este súbito interés hispanófilo? Analizando la situación puede ser atribuida a dos causas. Incluir una estrella española en un film francés, en principio, abre las puertas a su distribución en España. Que no está nada mal pero viendo la situación del cine francés (casi 216 millones de entradas, récord desde 1966, y una cuota de mercado de 41,6% frente al 15,3% en España) no parece que sea la prioridad. Y la otra alternativa puede que sea, sencillamente, que utilizan el talento, venga de donde sea (otro ejemplo, la productora del próximo film de Farhadi, recién galardonado con un Oscar a la mejor película extranjera por Nader y Simin, será francesa). Que también está muy bien. Colmo de su chovinismo es que los discos de Julio Iglesias y Mecano se encuentran en la sección de “Canción Francesa” en prácticamente todas sus tiendas.

Cuando veo el tratamiento de nuestros artistas por cierta crítica española no dejo de sorprenderme. Cuando no le gusta la película (situación que le ocurre a cualquiera), en su caso parece que se trata de una afrenta personal y que el director ha realizado una mala película con el único objeto de molestarla. Quizás deberíamos ser un poco más humildes, pensar que no todo nos sale como nos gustaría y el que no haya escrito algo, en alguna ocasión, que considere que no está a la debida altura, que tire el primer bolígrafo.

Que nuestros deportistas sean la envidia (en la mayoría de los casos, sana) de medio mundo es normal. Pero el tratamiento que le damos es totalmente distinto. Si un equipo no gana en una jornada, seguimos apoyándole y, el fin de semana siguiente, le animamos para que vuelva a ganar. Con nuestro cine nos comportamos de una manera más radical. Si en una ocasión no nos gusta un actor o un director, solemos colgarle el sambenito de malo y evitamos volver a verlo. Estimo que si el deporte español ha llegado a tales cumbres, en buena parte, es por el apoyo incondicional de sus seguidores. Seamos chovinistas con nuestro cine porque lo que más dopa a cualquier artista es la sensación de sentir el apoyo del público.

Por eso, cuando esta noche se entreguen los Fotogramas de Plata a los mejores artistas, para mí, será la confirmación de una declaración de principios, no negociable, de apoyo, respeto y reconocimiento de que nuestro cine, teatro y televisión será todavía mejor el próximo año y que se prepare el resto del mundo.

4 comentarios

  1. Una declaración de principios, compa Carlos, que suscribo en su práctica totalidad. Está claro que, en materia cinematográfica (a diferencia de lo que, probablemente, sucede en otras), andamos a años luz de nuestros vecinos, una gente que tiene muy claro que el apoyo al cine propio es una garantía de supervivencia y buena salud. No sería mala cosa que algún día nos quedáramos con la ‘copla’…

    Un fuerte abrazo y buena semana.

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    • Querido Manu: exactamente compa. No lo podías haber escrito mejor, a ver si de una vez por todas, no quedamos con la copla. Nuestros políticos, ya sabes que hablo siempre en su totalidad, tienen la extraña manía de supeditarse o copiar lo que más les interesa pero lo que funciona fuera de nuestras fronteras lo olvidan de una manera sospechosa. Si da tan buenos resultados por qué no lo intentamos, por supuesto adaptándolo a nuestras características, igual resulta que hasta nos va mejor. Hasta muy pronto, amigo.

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  2. (…) los discos de Julio Iglesias y Mecano se encuentran en la sección de “Canción Francesa” en prácticamente todas sus tiendas.

    Se nota que ha habido una investigación seria detrás… En fin, como yo siempre digo «cuando no tengas nada brillante que decir deslumbra con gilipolleces»

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    • Ya siento, David, no haber estado a la altura de las circunstancias. No he podido evitar consultar tu blog y te confieso que comparto contigo la perpetua y explicable insatisfacción frente a todo lo que escribo. Manejar palabras es tan peligroso como manipular armas de fuego. Como bien dices «Nada de medir la propia sombra frente a un muro». Yo intento siempre acercarme lo máximo a la pared, para que la sombra no sea demasiado alargada, porque prefiero fiarme a mis sensaciones que a las, siempre, engañosas percepciones. Te defines como «autoexigencia, autodestrucción y cafeína», coincidimos en el 66,66% (casi el número de la bestia), la segunda característica, en mi caso, la cambio por reconstrucción y me despido como lo haría nuestro ídolo común, Rimbaud: prometo ser bueno.

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