El Injusto Mundo griego, ¿Concha de Oro de San Sebastián?


por Carlos Loureda

Benito Zambrano no para desde que llegó a San Sebastián. Entre entrevista y coloquio me comenta que, tras la proyección de La voz dormida ante el público que le esperaba para aplaudirle a rabiar, había disfrutado de “uno de los momentos más intensos y emotivos de toda mi vida, estético incluso, las escaleras del Kursaal, la luz, los espectadores… Un momento mágico”.

También pasaba por el Festival el actor Michael Fassbender, en vaquero y camiseta blanca, en total  contraposición a la imagen habitual de una estrella del cine. La broma que corría por la ciudad es que apenas nadie lo había reconocido dado que, por primera vez, lo veían vestido. Bromas aparte, Fassbender es uno de los mejores actores de su generación y tanto en Hunger, una performance física más que una actuación propiamente dicha, como en la excepcional Shame (incluida en la sección Perlas), no duda en exhibir desnudos frontales, diagonales y desde todos los ángulos y, al mismo tiempo, brindar unas interpretaciones magistrales.

Los argentinos aligeran el tono del Festival

De nuevo, una familia, Los Marziano (el título es suficientemente explicativo), en lo que parece ser el tema central de esta edición de San Sebastián. La argentina Ana Katz presenta a dos hermanos, Juan y Luis, muy bien interpretados por Guillermo Francella y Arturo Puig, que no tienen nada en común y llevan años enfadados. Este último vive aislado en un club de golf, residencia de gente pudiente, donde aparecen misteriosamente unos hoyos en los que los inquilinos sufren varios accidentes al caer en ellos y el otro, más soñador y con una situación económica más precaria, pierde de repente la capacidad de leer. La proximidad del cumpleaños de su hija será una excusa perfecta para que su hermana intente reunirlos. Una comedia amable, ligera y agradable, con ese tono agridulce que tan bien saben recrear los realizadores argentinos, sin muchas más pretensiones.

Tragedia griega actual

De todos es conocido que Grecia se encuentra al borde del colapso financiero y que las autoridades, al frente del Estado, han establecido un sistema de corrupción generalizado, falseado las cuentas públicas (sin que por el momento hayan encontrado a un solo responsable de este delito) y llevado al país a una ruina que sufrirá hasta la próxima generación, como mínimo. Realizar una película es una empresa de titanes pero lograr filmarla en la Grecia actual constituye, simple y llanamente, un milagro.

Filippos Tsitos, indignado director de Adikos Kosmos (Mundo injusto), ofrece a los espectadores una metáfora política, radical y terrorífica, de la situación actual de su país. Poblado únicamente por agentes de la autoridad y presuntos delincuentes, tan desprovistos de sentimientos como una legión de zombies, Grecia aparece sin vida. En este espacio deshumanizado, la primera y prácticamente la última escena es la caída de su protagonista, un policía decide perdonar a todos aquellos a los que considere víctimas de la injusticia del sistema. En resumen, prácticamente todos los casos de los que se ocupa.

Todas sus acciones, desde la que abre la película (poner la zancadilla a un vigilante de seguridad para que una ladrona de supermercado pueda escapar) hasta la última, estarán marcadas por el irresistible deseo de ir contra un sistema en el que ha perdido cualquier esperanza. Como compañeros de ruta tendrá a su compañero de trabajo, que va a jubilarse próximamente y espera un final feliz a su carrera, y a una mujer a la que quiere conocer. Todo víctimas, todos marionetas, frías, sin esperanza, sin futuro. Bienvenidos a la Grecia actual. Un humor, una fotografía y una puesta en escena “a lo Kaurismäki” en un fábula ácida, crítica y desesperada. Demasiado tentadora para que el Jurado no decida posicionarse con un palmarés arriesgado y una polémica Concha de Oro.

Aún faltan dos películas de la selección oficial que comentaré mañana y después será el momento de reflexionar y publicar los pronósticos. Las famosas quinielas que, por lo general, no se aciertan nunca. ¿Se romperá la tradición en esta ocasión?

2 comentarios

  1. Michael Fassbender debería llevarse el premio al mejor actor, porque es un actorazo de primera. Es el mejor de su generación ( y de la siguiente, para qué mentir, no hay nadie por detrás que se acerque).
    Estoy deseando ver Shame. En Hunger está de 10.

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