Cuando se lanzó en redes la imagen del cartel de 9 Lunas, su directora Patricia Ortega recibió una avalancha de mensajes de odio en las redes sociales, el actual mercado de los fariseos, solo por mostrar un hombre trans embarazado. No se había estrenado ni se conocía su contenido, pero ya era suficiente para que muchos y muchas se sintiesen agredidos en sus creencias.
El desconocimiento es más peligroso que el odio porque la ira desaparece, por desgracia es volátil y enseguida se centra en otro asunto, pero la ignorancia es más explosiva dado que permanece anclada en la mente. Solo por mencionar, de forma muy breve, 9 lunas en el artículo anterior, ocurrió lo mismo. Más odio para clamar contar algo “inasumible”.
Frente a este tipo de reacciones se pueden tener varias actitudes. La más lógica, creo pensar, es reflexionar sobre ello con serenidad. Tras mucho tiempo dándole vueltas al tema creo que el odio que generan estos temas, todos los relacionados con la diversidad sexual y de género, el movimiento feminista o, incluso, el cambio climático, no se debe a una maldad innata en estas personas sino un innegable y arrollador miedo.
Un terror que las invade al comprobar que no piensan cómo otras personas. Se encuentran ante el abismo de no verse integrados en sociedad y, al fin y al cabo, ese desconocimiento les altera su percepción vital porque no saben dónde se pueden situar.

Para justificar sus barbaridades apelan al concepto tan vago y amplio como el de la libertad. Pueden decir lo que les de la gana porque esa libertad es su paraguas contemporáneo perfecto para proteger sus discursos de odio, queerfobia, racismo y xenofobia. Sin embargo, la libertad no es tan complicada de definir. Como se suele decir la libertad de estirar muy brazo acaba cuando se topa con la nariz de quien está enfrente. Fácil y muy comprensible.
Por eso, la importancia de películas como 9 Lunas va más allá de su interés cinematográfico es un momento de apertura, escucha y lugar para compartir, desde el interior, vivencias que solo se explican desde el conocimiento propio.
Su directora, Patricia ortega, cierra una increíble trilogía que comenzó en 2018 con Yo, imposible, la historia de una chica religiosa que descubre, por azar, que siendo niña sufrió varias intervenciones para asignarla como mujer, cuando era en realidad una persona intersexual.
Hace un par de años, Mamacruz, podía ser esa misma mujer, que vuelve años después sufre la presión y prejuicios sociales imperantes sobre el sexo con las mujeres de su edad, la que decide liberarse.

Y 9 Lunas es la decisión final, la personal, sin agobios ni interferencias sociales. La que opta por la vía más complicada, la de llevar a cabo los propios deseos, ser padre trans, apoyado por una familia que le rodea de comprensión y cariño.
Una película que, hasta coincide en varios de los planos con Yo, imposible, y rompe con la tradición inmemorial de que todo film queer tiene que ser un drama. Esta es una feel good movie porque lo radical, en estos momentos, es la escucha, la sonrisa y la bondad.
Patricia Ortega es una directora queer que cree en el cine como instrumento de transformación social y su cine siempre será político y necesario. Evidente y afortunadamente. ¿Existe cine interesante que no sea político?
Esta trilogía promulga que “lo posible es político”. Lo imposible es utopía y pertenece a la filosofía. Lo que hagamos es una declaración social de intenciones. No se queda en el rellano de la escalera. Ayuda a la sociedad a convivir mejor porque no se limita a intentar sobrevivir cada uno como bien pueda.
Un elenco de ensueño completa 9 lunas, como el gran descubrimiento actoral de Zack Gómez-Rolls, Jorge Sanz en el papel de un padre que representa a toda una sociedad que no sabe pero que quiere comprender, sublime Kiti Manver, como siempre, y María León que en sus últimos trabajos sigue rozando la perfección (su papel en Silencio, de Eduardo Casanova, es de Goya si hubiese premios a las series).
En su último libro El camino inesperado, de Rebecca Solnit, la autora afirma que “los ataques a las personas trans a veces se manifiestan en forma de una insistencia en que los hombres trans están renunciando a su capacidad de gestar y la aseveración de que la fertilidad de una persona es algo sobre lo que los demás pueden opinar”.
En realidad, no estamos hablando de más derechos para unos y menos para otros. Estamos hablando de más derechos para todos, todas y todes. Como la película de 9 Lunas, de Patricia Ortega, no hay solo 4 lunas, hay tantas como nos sea posible imaginar. Y en 3 de julio las descubrirás en los cines.