José Luis Rebordinos y las Reliquias del Festival (1ª Parte)


por Carlos Loureda

La cuenta atrás de la 59 edición del Festival de San Sebastián, que se celebrará hasta el próximo 24 de septiembre, ha comenzado y para el estreno de estas crónicas que seguirán toda la actualidad del certamen, nos ponemos lo más cinematográficos posible, iniciándolas con un flashback.

Mitad de agosto y San Sebastián disfruta de un sol radiante. Cita con el nuevo director, José Luis Rebordinos, en la sede del Festival en pleno centro de la ciudad. Una puerta enorme, sobria y negra como el carbón encierra a un grupo de fanáticos del cine, que parecen ser los únicos que trabajan en San Sebastián en estas fechas. Y tras la puerta, un ascensor me lleva al último piso del edificio, sede de un Festival donde todo es de un blanco inmaculado: paredes, mobiliario, techo. Tengo la sensación de entrar en una película en blanco y negro. Espero que, al menos en esta ocasión, no sea muda.

Me recibe Nekane, espléndida sonrisa, y me invita a esperar mientras el jefe de todo esto finaliza una llamada. Aprovecho para hojear alguna de las quince revistas cinematográficas internacionales que están sobre una mesa. Blanca, por supuesto. El ambiente es intenso, los teléfonos blancos no paran de sonar y se siente una efervescencia controlada. Nombrado director del Festival el 1 de enero de este año, José Luis Rebordinos no es nuevo en la plaza. Antiguo responsable del conjunto de la propuesta audiovisual del Patronato de Cultura del ayuntamiento, director durante 21 años de la Semana de Cine Fantástico y de Terror (que este año alcanza su 22 edición), al frente del Festival de Cine y Derechos Humanos de la capital guipuzcoana, la revista Nosferatu o sus 15 años en el comité de dirección del Festival de San Sebastián, le aseguran la tranquilidad de una sólida experiencia. Sin embargo, el desafío está a la altura de las circunstancias, dada la repercusión y la envergadura de un Festival Internacional como el de San Sebastián.

Las entrañas del Festival

José Luis, con una inmensa sonrisa (confirmado, en la sede del Festival todo el mundo sonríe), transmite una energía desbordante, un amor sin límites por el cine y unas tremendas ganas de compartirlo. La organización de un festival no acaba nunca. Aunque finalice en septiembre, existen unos tiempos muy concretos que incluyen toda una serie de excepciones. Entre octubre y enero nos concentramos en la parte más burocrática, la que no se ve, y que es muy importante dado que se reciben ayudas europeas, subvenciones o patrocinios. Estos meses son tiempo de evaluación de la edición precedente y definición de líneas más conceptuales, como los futuros ciclos que se van a programar. El pistoletazo de salida, y a partir de ese momento sin un momento de tregua, es el festival de Berlín en febrero. Llega la cuesta arriba en mayo con Cannes pero, en realidad, nunca paras. Por ejemplo, en este momento ya estamos hablando de una posible película para la inauguración del 2012 o el próximo premio Donosti. Siempre estás echando los tejos a alguien. Un festival nunca para, tienes que estar pensando a dos o tres años vista, como mínimo.

Se ve que José Luis es un seductor nato. En su oficio tiene que conquistar 24 horas al día: al público para que asista a las proyecciones, a los artistas para que se desplacen a San Sebastián, a los patrocinadores para que sigan aportan nuevos medios o incrementen los existentes o a los distribuidores para que retrasen un estreno en cine de un film y sea una novedad en el Festival (como este año en el caso de Una separación y Golem). Un ejercicio en el que se le ve a sus anchas.

San Sebastián en el mundo

Acreedor de la, ya desaparecida, Categoría A de la FIAPC (Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos, institución creada en 1933 para defender la industria del cine y sus profesionales, que estableció una jerarquía de calidad en base a criterios organizativos y técnicos) San Sebastián se encuentra entre “los cinco primeros festivales competitivos del más alto nivel internacional”. José Luis, por deferencia a sus colegas, no establece una lista pero yo no puedo evitarlo. Bien es sabido, que en este restringido círculo reinan, en este orden, Cannes, Berlín y Venecia. Este último sumido en un continuo suspense por la trágica política cultural italiana. En febrero Giulio Tremonti, tras su famosa declaración “con la cultura non si mangia (la cultura no da de comer)”, recortó las ayudas al Fondo único per lo spettacolo (fondo público que subvenciona al cine y al teatro) y del Festival de Venecia. Desastre general y ambiente moroso en la profesión. Menos mal que en marzo, el nuevo ministro de cultura, Giancarlo Galan, ha reconducido las ayudas al sector. Según el director, San Sebastián tiene un componente muy fuerte como festival de habla hispana, siendo el más importante es este sector, lo que nos aporta una presencia y posición muy bonita en el conjunto de festivales. Lo que situaría al Festival es un confortable cuarto puesto.

José Luis Rebordinos sabe que es el cine es arte, pero también industria, y se ha establecido un objetivo muy ambicioso. Quiere que San Sebastián sea la puerta para Europa del cine latinoamericano. Nos gustaría que la industria europea y latinoamericana encontrara aquí el sitio ideal para llegar a acuerdos, coproducciones, en definitiva, hacer negocio. La idea es en 3 o 4 años conseguir que este objetivo se convierta en realidad. Europa y Latinoamérica tienen que encontrarse mucho más y San Sebastián es el lugar privilegiado para ello.

Llevamos un buen rato charlando, sentados en dos confortables sofás (blancos, evidentemente) y entre nosotros hay un objeto que me incomoda. Quizás sea porque no es blanco sino una masa de color gris y parece desentonar de la decoración general del despacho. No le he prestado mucha atención hasta entonces porque el director posee el don de la fluidez verbal (todo sea dicho, digna de un coro de 60 personas) pero no puedo evitar, llegado el momento, girar la vista de mi interlocutor y descubrir que se trata de una lápida de cementerio con el nombre de José Luis Rebordinos. Le miro sorprendido y descubro otra amplia sonrisa. El director se divierte, disfruta de la vida e, incluso, hasta de una tétrica lápida gris grabada con su nombre.

Pero como en las buenas películas dejamos a nuestro protagonista, encantado y sonriente, junto a tal singular objeto, mientras que tus ojos leen en la pantalla

Continuará

4 comentarios

  1. ¿por Carlos Loureda?… ¿el mismo Carlos Loureda del cine invisible?… ¿Y lo próximo qué será, que votemos el mejor blockbuster navideño en un descuido del Emperador de los helados? 😛

    P.d. Echaremos de menos las crónicas de Álex Montoya pero no se me ocurre mejor sustituto 😉

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    • Querido Alfins: gracias por tu apoyo, amigo. Espero no decepcionarte. Ya le estoy preparando el concurso al Emperador de los blockbuster, con la única diferencia de que son todos iraníes. Jajaja. Hasta pronto, amigo y cuento con tu apoyo

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  2. Espero disfrutar una vez más del festival aunque ahora con presupuesto recortado(en paro) ojalá y sepa elegir bien las «dos» películas , De hecho no pude ver la «peli» Arriya ,espero que siga después en cartelera ,me gustó la de Aita ,el año anterior.Un saludo de un mexicano que ahora vive en Euskal Herría.Abrazos y Agur.

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    • Querido Héctor: bienvenido. Espero que disfrutes mucho del festival. Intentaré servirte para algo en la elección. Hasta muy pronto, amigo

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